Hubo un momento —no muy lejano— en que la vida era esto: despertarse a las 10:47, desayunar mirando memes, abrir la computadora para empezar un sitio web y así publicitarme, para terminar el día diciendo «mañana sí me pongo en serio». Y mañana era hoy, pero hoy se parecía mucho a ayer, y así.
El tiempo pasaba y yo seguía en lo que podría describirse como un estado contemplativo, o más brutalmente: rascándome a dos manos con fundamentos teóricos.
Hasta que un día pasó algo:
se me acabaron las excusas.
Y ahí apareció este sitio.
No sé si fue el curso, el hambre o el miedo a terminar vendiendo paltas en la esquina con código QR. La cosa es que llegó el momento de…
Una historia de mate cocido frío, reinicios mentales y ganas de dejar de rascarse un poco.
“Debe trabajar el hombre,
para ganarse su pan,
pues la miseria en su afán
de perseguir de mil modos,
llama en la puerta de todos
y entra en la del haragán”.
El momento “Volver al Laburo”
No fue una revelación divina ni un video motivacional de esos que te gritan con música épica. Fue más bien una mezcla de tres cosas:
- Me acordé que tengo talento.
- Me di cuenta que nadie me lo va a venir a sacar a pasear si no lo saco yo.
- La heladera estaba vacía y aparte me quiero comprar cosas.
Entonces, me dije: “Flaco, se acabó. Volvé al laburo. Pero posta.”
No volver al laburo como cuando uno dice “arranco la dieta” con media pizza en la mano. No. Volver al laburo en serio, con teclado caliente, ideas nuevas, y hasta el botón de “guardar cambios” gastado.
El noble arte de hacer cosas con la cara de que sabés lo que hacés
Este sitio representa, entre otras cosas, mi intento de profesionalizarme.
No en el sentido acartonado y LinkedInesco de la palabra, sino en la acepción más terrenal: hacer las cosas bien, cobrarlas, y que nadie se dé cuenta de que a veces googleo cosas que supuestamente ya sé.
Porque ser técnico, desarrollador, freelancer o lo que venga con Wi-Fi y ganas, no es sólo saber prender computadoras o mover píxeles. Es también aprender a vender tu laburo, mostrar lo que hacés, y armarte un lugar en internet que diga: “Acá estoy, no soy una corporación pero te puedo hacer un sitio con más amor que el CM de Racing.”
La pala no muerde
Hay un mito dando vueltas de que “agarrar la pala” es algo feo, algo que te convierte en un ser gris y quemado por dentro. Pero no.
La posta es que la pala bien llevada te ordena la cabeza, te da sentido, te pone en marcha.
Y si encima es una pala digital, que no levanta tierra pero sí levanta proyectos, ideas y facturas… mejor.
¿Y este sitio qué onda?
Bueno, este sitio es el equivalente digital a poner una oficina, pegarle un cartel en la puerta y decir:
“Estoy laburando. Estoy disponible. Estoy cobrando.”
- ¿Necesitás un sitio web? Te lo hago.
- ¿Tenés una computadora rota? Te la arreglo.
- ¿Querés que te diga qué componentes comprar para no tirarte abajo todo con una fuente genérica de 500w que dice “Draggon”? Te asesoro.
- ¿Tenés una idea medio vaga y querés convertirla en algo real? Te ayudo a aterrizarla.
Y lo mejor: sin jefes, sin intermediarios, sin promesas de «transformar tu empresa con soluciones digitales disruptivas que innovan en sinergia con tus valores» (traducción: humo).
¿Por qué ahora?
Porque en algún momento había que arrancar.
Porque un curso termina, pero los sueños siguen (y la inflación no se va a ningún lado).
Porque si no me lanzo, me oxido.
Y porque, seamos honestos, alguien tiene que mantener la dignidad del oficio en este océano de developers que meten tres íconos en Bootstrap y ya se creen el Steve Jobs del front-end. Tránfugas.
Y vos, ¿ya volviste?
Esta entrada no es sólo una excusa para escribir y meter un logo editado (aunque sí lo es un poco). También es una invitación.
Si estás en cualquiera, si venís pateando proyectos, si sentís que hace rato no metés una línea de código decente, o si tu idea de “progresar” últimamente es ver videos de gente productiva en YouTube…
Bueno: capaz hoy es tu Volver al Laburo.
Acá estoy yo, arrancando otra vez.
Y vos podés hacer lo mismo.
O podés seguir scrolleando Instagram. Pero después no llores.
The Gator Corporation: arrancando motores desde el fondo del sillón.
Gracias por pasar. Ahora salí de esta entrada y andá a hacer algo útil. O contratame, qué sé yo.

